Del enamoramiento y otros demonios

Posted in Colaboradores, Lovesan, Reseñas on May 18th, 2011 at 22:15 by Lovesan

Alguna vez llegue a decirle a una chica que estaba enamorado de ella, es algo de lo que estaba seguro. Y aún así no tenia forma de nombrar a aquel sentimiento, no podía decir que era “amor” porque sabia que no lo era. Entonces que era?…..creo que algo intermedio

Eh aquí un fragmento interesante de un libro que eh estado leyendo, algo que si bien era algo que sabia, no podría haberlo entendido aun mejor.

Es que estar enamorado no es amar.
Porque amar es un sentimiento y estar enamorado es una pasión.
Las pasiones por definición, son emociones desenfrenadas, fuertes, absorbentes, intensas y fugaces como el destello de un flash, que son capaces de producir transitoriamente una exaltación en el estado de ánimo y una alteración de la conciencia del mundo del que la siente.
Este caos emocional tiene, lamentable y afortunadamente, un duración muy corta. Digo lamentablemente porque mientras lo vivimos nos gustaría, a pesar de todo, permanecer en la fascinante intensidad de cada una de las vivencias, y digo afortunadamente porque creo que nuestras células explotarían si este estado se prolongara más allá de unas cuantas semanas.
Inmerso en esa pasión perturbadora, nadie puede hacer otra cosa que no sea estar, pensar o recordar a la persona de la cual se está enamorado. Se trata, pues, de un estado fugaz de descentramiento (uno cree que el centro de la vida de uno es el otro), una especie de locura transitoria que, como dije, se cura sola y, en general, sin dejar secuelas.
Durante el tiempo que dura (dicen los libros que entre cinco minutos y tres meses, no más), uno vive en función del otro: si llamó, si no llamó, si está, si no está, si me miró, si no me miró, si me quiere, si no me quiere…
Estar enamorado es enredarse en un doloroso placer, el de la disolución en el otro.
Si nos detuviéramos a pensarlo en serio nos daríamos cuenta de lo amenazante para nuestra integridad que sería vivir en ese estado.

…el estado ideal de una pareja no es el de aquellos primeros meses en que estaban enamorados, sino el de todo el tiempo en que se aman en el sentido cotidiano, verdadero.
Cuando en un vinculo que comienza con esa pasión, estar enamorado da paso al amor, todo sale bien. De hecho nada mejor podría pasarnos.
Pero cuando no conduce allí, el desenamoramiento sólo deja atrás de sí una sensación de ciudad devastada, la ruina emocional, el dolor de la pérdida, el agujero de la ausencia.
Y uno se pregunta: ¿Por qué terminó? ¿Porque no era cierto? ¿Porque era poco? ¿Porque era mentira?…
No. Se terminó simplemente porque era una pasión.

…Mi idea del encuentro es: dos personas centradas en ellas mismas que comparten su camino sin renunciar a su centramiento. Si no estoy centrado en mí, es como si no existiera. Y si no existo, ¿como podría encontrarte en el camino?

Apuesto con todo mi corazón por nosotros. Pero si vas a forzarme a elegir…

entre tú y yo…yo.

fragmento del libro Hojas de Ruta de Jorge Bucay

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¿Futuro?

Posted in Colaboradores, Personal, Reflexiones, Tlacaélel on January 22nd, 2009 at 4:49 by Tlacaélel

Hoy fui a clase de música y, hablando con el profesor, me enteré que uno de mis compañeros va a hacer el examen de admisión a la Escuela Nacional de Música. “Tambien tú deberías hacerlo” me dijo el profe. La verdad no se si tomarlo como “ya lárgate” o “tienes lo que se necesita, ¿qué esperas?”. La cosa es que si lo he pensado, pero aparentemente sigo sin saber que diablos hacer de mi pinche vida.

Siempre me gustó la música (supongo que eso es normal en los humanos) y alguna vez intenté aprender piano pero ¡sorpresa! no solo es caro sino que, en cierto modo, es exclusivo. Nunca tuve acceso a un piano real (de hecho de ahí se derivó la idea del trabajo terminal, un piano virtual) y nunca me enteré donde tomar las clases. Para terminar, mi papá es muy pragmático. Él considera que está bien que aprenda uno música con fines lúdicos, pero no lo ve como una carrera real ni algo para hacer día y noche. Eso si, él me dice que es mi problema lo que haga con mi vida…así que la barrera que me impone, más que física, es moral. Por esta razón, siempre fue dificil que en mi casa tomaran en serio (por así decirlo) la música.

Llegué a las clases formales de música por que estaba harto de todo. Hay veces que uno no soporta verse al espejo, ni pensar, ni recordar…ni existir. Para variar la había regado con una chava de una forma extremadamente humillante (de hecho, todavía me es tan incomodo recordar ese maldito asunto que me cuesta trabajo referirme a él sin maldecirme…maldito sea yo y mi estupidez) y eso hacia un poco peor mi sensación de que llevaba un camino equivocado. Estaba yo en ese trance cuando surgió la oportunidad. Cierto día iba camino al banco y pasé frente a la casa de la cultura. Me detuve porque un cartel me llamó la atención y vi los anuncios de los cursos. En otro momento no hubiera entrado, pero en ese momento me sentía vacío, como si no tuviera nada dentro. A partir de ahí, el razonamiento que me llevó a entrar fue bastante sencillo: “siempre he querido aprender música y hoy no me queda nada…quiero tener al menos eso”. En ese instante carecía de orgullo, confianza o vocación. No había nada que perder. Entré a pedir informes a la administración, ese mismo día conocí al profesor y dos dias despues ya me estaba poniendo al corriente (empecé dos semanas tarde). Eso fue en las vacaciones entre sexto y séptimo semestre de la licenciatura, como a mediados del 2007.

El amor a la guitarra, es brutal. Empezó como un esfuerzo para recuperar mi dignidad, y terminó siendo un eje fundamental de mi existencia. En definitiva no sirvió para recuperarme (supongo que tengo que dar por muerto mi amor propio), pero me cautivó. Nació en mi, y me dejé atrapar. Un día no sabía que existía y al siguiente lo era todo. Ya no podía vivir sin tocar (ojo, tocar, no tocarme). Ni se como pasó a ser prioritario pero hoy se que no existo sin la música. Puedo soportar la idea de quedarme ciego, pero no la idea de no poder tocar (ojo, tocar, no tocarme). Lo que si se es que si hubiera conocido la música cuando era chico estoy seguro de que no hubiera dudado, el camino habría estado siempre frente a mi y bastante bien iluminado. ¿Así se siente la pasión?

Todo es bastante claro y fácil. La solución a mi existencia es dejarlo todo y dedicarme a aprender música a nivel profesional…pero no puedo. ¿Y todo lo que ya construí? ¿y todos los sueños que tengo? ¿cómo puedo dejar todo? Ya no se que hacer. Estudie ingeniería porque creí en ello, y estaba dispuesto a hacerlo de por vida sin dudar mientras pudiera seguir aprendiendo y haciendo cosas interesantes. Es decir, no puedo decir que no me gusta…pero tampoco puedo decir que eso es lo que más amo en la vida. En Historia es algo similar, pero sin lugar a dudas es más fuerte que mi gusto por la computación. A pesar de esto, mi amor por la Historia existe por una razón similar a la que me llevó a decidirme por mi carrera. Me maravilla la complejidad de la existencia humana y la paradoja que se encuentra al confrontarla con la inconmensurable realidad del universo. Busco aquella sensación de contraste cuando observo que conozco algo que es infinitamente pequeño y que a la vez es un logro inmenso. Es la misma razón por la que me gusta ver el cielo y pensar en estrellas. Eso existe en computación y tecnología más que en otras áreas. Es asquerosamente divina la forma tan despectiva en la que la gente ve a las máquinas sin tomar en cuenta todo lo que conllevan a nivel social, económico y político, el impacto en sus vidas y todo el conocimiento que tuvo que ocurrir, generación a generación, para lograr construir todos y cada uno de los avances tecnológicos que tenemos. Desde la industria de los guijarros hasta la computación cuántica, poder analizar todo eso, todas esas partes pequeñitas que forman, etapa a etapa, un grado de perfección tan imperfecto y a la vez tan formidable, es algo que puedo hacer hasta que la muerte me llegue (sea o no por propia mano). ¿Eso es pasión?

¿A qué debo renunciar? ¿Qué va a ocurrir conmigo? Quisiera no dejar de estudiar ciencia de la computación, pero también quisiera ser historiador y ya no es posible el no convertirme en músico…pero no encuentro una forma de hacer todo, todas demandan la suficiente atención como para recordarme que si me descuido las tres se van al demonio.Y al final, ¿que tal si ninguna era? Como dicen, ¿qué pasa si todo este tiempo le estuve ladrando al árbol equivocado? Lo único que quiero es que cuando esté en mi lecho de muerte, ya sea que muera viejo y solo o joven (mañana) y solo, pueda decir que estoy satisfecho, que no me arrepiento de nada, que logré darle a mi vida el curso que quería, vamos, que no fue una vida desperdiciada…pero las cosas no parecen ir por esa vía. Claro, todavía está el plan B. Siempre hay un plan B. El plan B es volverme loco, más loco, y matarlos a todos, jajajaJaJaJaJAJA (risa malvada tipo Lovesan), entendiendose por “todos” los que estén a mi alrededor el día que esté portando las armas que compre en tepito o donde las vaya a comprar. Tambien está el plan B del plan B (algo así como la reserva de la reserva) que es trabajar por una causa idealista que yo considere justa hasta que me muera en alguna guerra del futuro o, ya de plano, la solución implicita para todo problema: suicidio por honor.

Maldita sea, otra vez expresé mucha estupidez. En fin, dejo una pieza para guitarra: Vals Venezolano No. 3 (Natalia) de Antonio Lauro, interpretado por John Williams. Iba a poner un video, pero no encontré uno que me gustara en la red. En el YouTube hay un pedazo de la pieza interpretada por Alirio Díaz, pero en este caso me gusta la claridad con la que la que se oye interpertada por John Williams. Seré guitarrista cuando pueda interpretar la obra de manera correcta, sin fallas y a la velocidad indicada (espero lograrlo algún día). Es todo por ahora.

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In xochitl, in cuicatl

Posted in Colaboradores, Reflexiones, Tlacaélel on September 10th, 2008 at 2:53 by Tlacaélel

Últimamente he estado leyendo algunos cantares nahuas y sobre la filosofía estética basada en el arte y la poesía nahuatl, la de la flor y el canto (in xochitl, in cuicatl), identificada mayormente con el culto al dios dual asociado a la creación, Ometeotl, y alejada un poco de la visión guerrera asociada al culto del dios de la guerra Huitzilopochtli, la deidad principal del panteón mexica que vino a fusionarse “oficialmente” con la tradición Tolteca (de donde proviene el concepto del dios dual) mediante la reforma instaurada durante el reinado de Itzcoatl (hacia 1428 d.C.).

Mientras la reforma política y religiosa daba forma a lo que vendría a convertirse en un imperio religioso-militar, los tlamatinime de varios reinos conservaban y cultivaban una visión estética de la vida (contrastante en gran medida con el sistema basado en la guerra) que me ha cautivado sin darme cuenta, al ser tan cercano a lo que yo mismo he buscado. Al ir leyendo los poemas, los cantares, se fue despertando en mi una sensación de comprensión a la que me he acogido sin pensarlo dos veces y que me hace querer expresarlo de cualquier forma posible a quien quiera escucharlo.

Los sabios nahuas se preguntaban si la vida humana tenía fundamento. Se cuestionaban sobre la fragilidad humana, la existencia y la muerte. ¿Qué fin tenemos? ¿A que venimos al mundo? ¿Qué es la divinidad? Preguntas universales que los humanos nos hemos hecho desde que nos hicimos conscientes de nuestra propia vida.

Aquí en la tierra es la región del momento fugaz.
¿También es así en el lugar
donde de algún modo se  vive?
¿Allá se alegra uno?
¿Hay allá amistad?
¿O solo aquí en la tierra
hemos venido a conocer nuestros rostros?

Se preguntaban sobre la verdad. ¿Qué es verdadero? ¿Nosotros los somos? ¿Lo son nuestros pensamientos?

¿Acaso son verdad los hombres?
Porque si no, ya no es verdadero nuestro canto
¿Qué está por ventura en pie?
¿Qué es lo que viene a salir bien?

También hacíanse preguntas sobre nuestro legado, sobre lo que creamos cuando estamos vivos y lo que de nosotros queda al morir.

¿He de irme como las flores que perecieron?
¿Nada quedará de mi nombre?
¿Nada de mi fama aquí en la tierra?
¡Al menos mis flores, al menos mis cantos!
¿Qué podrá hacer mi corazón?
En vano hemos llegado,
en vano hemos brotado en la tierra.

Y las respuestas de los huehuetlatolli eran desalentadoras, porque era de ellos conocido que vivimos en una tierra de sufrimientos continuos. Nacemos para sufrir, para que nos queme el sol, para que nos lastime las plantas de los pies la tierra, para que nos corte el viento y para que al final no quede nada de nosotros, así como no queda nada de las flores cuando se marchitan.

Solo he venido a cantar.
¿Qué decís, oh amigos?
¿De que habláis aquí?
Aquí está el patio florido,
a él viene,
oh príncipes, el hacedor de cascabeles,
con llanto, viene a cantar,
en medio de la primavera.
Flores desiguales,
cantos desiguales,
en mi casa todo es padecer.

Pero por otra parte, no podemos vivir para quejarnos y llorar siempre. A pesar de todos los males, existe siempre gente trabajadora, vida, alegría, belleza y buenos amigos, joyas brillantes con quienes hablar y compartir nuestras flores y cantos.

Pero, aun cuando así fuera,
si saliera verdad, que solo se sufre,
si así son las cosas en la tierra,
¿se ha de estar siempre con miedo?,
¿habrá que estar siempre temiendo?
¿habrá que vivir siempre llorando?

Y es por eso que nuestra existencia tan fugaz e insignificante, nuestra vida a veces tan dolorosa, solo puede refugiarse bajo la sombra de las flores y los cantos, pues al producirlos damos lo mejor que existe en nosotros, es un regalo que se gesta en nuestro corazón y se refleja en el rostro, una piedra preciosa que contiene lo que somos y dará la muestra con su belleza de nuestro paso por la tierra aun cuando hayamos muerto y estemos perdidos en el olvido. Son las artes y la poesía lo único que nos puede dar razón, pues por ellas combatimos la tristeza y quedamos fuertemente unidos con nuestros iguales.

Para mi no hay mayor verdad que esa, porque solo me puedo comunicar, razonar y existir si puedo realmente sentir una unión con lo que digo, con lo que pienso y con lo que vivo, si puedo sentir esa belleza intrínseca dentro de un pensamiento perfecto, si puedo escuchar los pasos de las notas musicales al rodearme en su colorido espectro de sensaciones y recuerdos o si puedo mirar en un rostro ajeno la paz y regocijo que trae consigo una alegría silenciosa.

Entiendo hoy esas palabras de casi seiscientos años de antigüedad con la misma emoción e intensidad que ellos las pronunciaron, frases que llegan desde el lugar de los misterios para confirmarme que alguna vez existieron unos hombres sabios que vivían para apreciar lo que es hermoso, que cultivaban las artes, que disfrutaban de ello con sus amigos y registraban con la tinta negra y roja los nombres de aquellos cuyos rostros y corazones reflejaban la identidad de un pueblo. Es por eso que quisiera aunque sea solo por hoy, por un instante tan fugaz como la vida, perderme en sus palabras, contemplar el cielo y recordar su legado al tiempo que siento brotar en mi mismo esa eterna pasión por todo lo que, en mi imaginación, es bello.

Hasta ahora lo comprende mi corazón:
Escucho un canto,
contemplo una flor,
¡Ojalá no se marchite!

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