La realidad asoma su fea cabeza

Posted in Colaboradores, Personal, Tlacaélel on September 27th, 2010 at 1:06 by Tlacaélel

Advertencia. Éste post la verdad si es muy personal. Tenía preparado otro más genérico, pero éste tiene que salir. Siento que lo debo.

El pasado post de If me recordó una historia que me sucedió a mí en el mismo rubro. La verdad yo no me siento en confianza rápidamente y prácticamente nunca hablo nada de nada de ésto con nadie (mucho menos publicarlo). Alguna vez me dijeron que soy bien ranchero, porque no solo no me es fácil integrarme en ningún grupo sino que me da como vergüenza hablar de cosas que considero fuera del límite (para mi, el amor y el sufrimiento son cosas muy íntimas como para dejarlas salir a lo imbécil). A pesar de ello, y en solidaridad con If, hoy decidí escribirlo. Así a lo mejor expío mis pecados por las estupideces que le dije (como lo de que le preguntara a su ex-novia cuando todavía era su novia el porque le gustaban los imbéciles). Ojo para los que me conocen, nadie me pregunte “¿hablas de tal persona?”. No, no hablo de nadie que conozcan. Ésta es la primera vez que hablo de éso, es algo inédito. Nadie mas que los involucrados lo sabemos. Ni siquiera lo he escrito en mi diario*, así que no es de nadie que tengan en mente.

La cosa empezó bastante inocente. Yo, como habitualmente, tengo actividades extracurriculares en la tarde (es una costumbre que llevo aplicando desde el cuarto semestre de la licenciatura, i.e., desde hace como 5 años) muy cerca de mi casa en cierto pueblo. El caso es que empecé a hablarle a una compañera, sin nada en mente. De hecho, la primera vez que le hablé lo hice porque íbamos en la misma ruta hacia nuestras respectivas casas y se me hacía tonto no hacerlo si nos veíamos tan seguido (era compañera en el mismo taller que estaba tomando). Lo curioso, es que resultó ser una persona tan agradable para mí que, un día, hice mi pendejada…

Como dije, al principio no era más que una compañera. Yo no sentía ni amistad ni nada por ella, hablábamos por cortesía (si se puede decir eso). Fue repentino el darme cuenta de que ya la consideraba mi amiga. Me di color la primera vez que me quedé acompañándola hasta que se fue. Antes de eso siempre me había largado más rápido (el camión que va para su casa tarda un buen en pasar), porque la verdad me valía pistola y no tengo tacto con las mujeres (ni con nadie). No se porqué, pero generalmente si decido esperar con alguien es que lo considero(a) mi amigo(a). Ésto lo pueden testificar varios de ellos: si no se han ido, se me hace como mala onda irme yo y abandonarlos. En mi caso ese parece ser como el indicador más claro de que soy amigo de alguien. La cosa es que fue tan natural que ni me di cuenta de cuando pasó. De hecho, me causó mucha sorpresa cuando reflexioné sobre el asunto. Ahora que lo pienso, a partir de ese momento decidí que no iba a dejar que ella estuviera esperando sola…eso no es de amigos. La cosa es que fue ahí donde se asomo el buen e imbécil Arturo que todos conocen a complicarse con su propia inmadurez.

%% Divagación larga e innecesaria que pueden saltarse %%

Para mi, la belleza es pragmática. Por eso me gusta tanto el concepto de “In Xochitl in Cuicatl”, aunque la verdad yo practico otro dogma estético un poco más extremista. Yo creo que no existe nada bello per se. Tengo la absoluta certeza de que lo único que puedes considerar bello, es lo que amas. Creo que mientras más amas una cosa, o a una persona, más bella es para tí. Por ejemplo, ya he mencionado que amo regresar a casa en las noches, contemplando la luna llena en un cielo despejado, escuchando como paso a paso se diluye cada instante. Amo poder ver al cielo y las estrellas, amo escuchar los sonidos lejanos que interrumpen el silencio aparente. Se que amo la música, tanto interpretarla como escucharla. No puedo imaginar, no quiero, un mundo donde no pueda cerrar los ojos y entregarme a disfrutar, en toda su expresión, la más pura y sincera de las canciones. Para mi todo eso es tan bello que vale la pena dar la existencia para conservarlo. Lo mismo, yo pensaba, debía ser el amor por otra persona. Amarla tanto que se convirtiera en la persona más bella del mundo. Maldita sea, creo que pienso como imaginaba Goethe a Werther si éste fuera un sucio hippie.

En fin, el párrafo anterior da una pista de mi retorcido sentido del amor. Aunque les sorprenda y todos digan que nací sin alma ni sentimientos, yo se que en mi juventud era ingenuo. La cosa es que me empecé a dar cuenta de que ella se me hacía bonita. No se porque no me preocupé en ese instante, si al principio ni siquiera me había puesto a meditar sobre el asunto. Como siempre, el romanticismo es una trampa y uno cae rápidamente en ella si no te sabes cuidar. Y es que ella es muy buena amiga. No solo podía hablar con ella de muchas cosas que teníamos en común sino que, lo más raro, me sentía cómodo. No se porqué desde el principio me cayo bien ni porqué le tuve tanta confianza tan rápido. Ese no soy yo, yo soy bien pinche ranchero. Conozco personas de años que no les tengo tanta confianza como la tuve con ella en semanas. Eso lo que llamó la atención del Arturo que hace romanticismo literario.

%% Fin de la divagación larga que pueden saltarse %%

Se liberó la criatura, sin albur. Me pregunté, “¿Por qué está pasando esto?”. Cuando te haces esa pregunta, generalmente ya es tarde. Era obvio que ya me sentía atraído a ella, en algún grado. Si algo he aprendido en la vida (que me haya quedado suficientemente claro), es que debes ser sincero con lo que sientes y con quien eres. Más aún, debes tener el valor para enfrentarlo. Si no lo haces, te va mal. No obtienes lo que quieres y vives a medias. Está bien, reconozco que no siempre lo aplico, pero en esa ocasión resolví aceptar que estaba sintiendo algo distinto y me arriesgué a intentar algo. Lo que quería evitar era especular. La incertidumbre, es lo peor. Decidí preguntar directamente, antes de empezar a armar un sinfín de teorías idiotas en mi cerebro y dejar que cualquier sentimiento creciera. Si ponía las cosas claras de una vez, me iba a ahorrar sufrimientos posteriores.

La idea era decirle que empezaba a sentir algo por ella. Ni se lo que esperaba, solo quería sacarlo de mi sistema y que quedara claro para ambos. Es obvio que no salió bien. ¿Ya dije que soy bien pinche ranchero? Me puse nervioso y terminé balbuceando una pregunta invertida. Le pregunté si ella sentía algo por mi. Vamos, está de más decir que ni siquiera lo pensó. Ni pinche sentido común tengo. Yo mismo sabía que, lo que se me hacía raro, ¡era raro! Despues de que me dejó muy claro el asunto (imaginen flecha tras flecha clavándose en mi cuerpo como en los animes cuando les dicen sus verdades), vino el silencio incómodo y se fue. No hubo dudas, no hubo especulación. Desapareció la incertidumbre…pero la verdad si me dolió. Contra toda probabilidad, hubo una pequeñita sensación de vacio (aparentemente esos sentimientos eran mayores de lo esperado). Con todo, no me sentí tan mal. Ya que sabes donde estas parado, puedes decidir hacia que lado virar. Yo, decidí que no puedo forzar a nadie a quererme y no volví a tocar el tema. De hecho, le prometí que nunca volvería a hablar con ella sobre eso y me prometí a mi mismo cumplir esa promesa, costara lo que me costara…no había razón para volver a mencionarlo e incomodarnos a ambos.

Al menos en éste caso, no me arrepentí ni me avergoncé posteriormente por sentir lo que sentí (solo por ponerme nervioso que es, como dicen en mi pueblo, lo que me patea las bolas). A fin de cuentas no fue nada planeado, solo surgió e hice lo que pude por resolverlo lo más pronto posible. Torpemente, pero lo resolví y aprendí algo. De hecho, muchas cosas.

Lo que quiero decir con todo ésto, es que no todas las historias de triunfo tienen final feliz (a diferencia de los masajes de la calle Sullivan en la ciudad de México). Aunque If no lo crea, el sufrimiento es parte de estar vivo y creo que su historia si es de triunfo. Yo se que él tiene más valor que yo para muchas cosas, entre ellas ésto de las mujeres. Mi historia es más patética, más simple, más llana y más inmadura, y sin embargo creo que al menos me sirvió para gritarle al mundo “¡sigo vivo!”. Su historia es mucho mejor, y grita más fuerte.

Lo único que si es como triste saber, es que a nadie le gustan los imbéciles…

*Creo necesario señalar el sarcasmo en el asunto del diario.

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Historia de Triunfo

Posted in If on September 21st, 2010 at 22:19 by If

Así es, ahora me toca contar una historia de triunfo. Hace tiempo llegó una chava nueva al lugar donde trabajo.
En un principio, no le tomé en cuenta pues pensé: “Me gusta esa chava… que mal que tiene novio” y ni había platicado con ella.
Y casi le atino, pues no solamente tenía novio, sino que estaba comprometida en matrimonio con él. De eso me enteré más tarde.
Por cuestiones de trabajo comenzamos a tratarnos, y me comenzó a gustar y al parecer yo a ella. Pero ella seguía con su novio, pues las cosas estuvieron así unas semanas y luego me dijo que iba a terminar con su novio. Yo no supe que decir, así que no dije nada.
Pasado un tiempo, le lancé el sarpazo pues la verdad me latió la chava. Y pues me dijo que sí, algo raro… Ese día estaba tan mmm… imbécil (más de lo normal, que ya es mucho decir), que no me dí cuenta que algo no estaba bien.
Bueno, pasamos buen tiempo juntos, aprendí algunas cosas que pueden ayudar a que les agrades a las mujeres (o les desagrades menos mejor dicho): abrirles la puerta cuando van a bajar de un vehículo, lavarse las manos antes de tocarla (me refiero a la chava) en especial cuando le acaricias a la cara, preguntarle cuando la conoces si es alérgica a algo, evitar decir (tantas) estupideces (eso es algo que no he logrado) y maldiciones (casi lo logro pero es mucho pedir). Pero bueno, ya saben uno es un completo imbécil.

Bueno estaba en que la chava y yo pasamos buen tiempo juntos y luego un día, cuando todo iba bien llegó el buen Dios y me dió una buena dosis de realidad que me hizo imaginarme una escena donde Dios con una sonrisa burlona me tiene en el suelo con su sandalia sobre mi rostro ensangrentado. La invité a salir y dijo si. Luego comenzó a hablar:
Imbécil: ¿Cómo estas?
Ella: Mal
Imbécil: ¿por?
Ella: Mira, eres un buen tipo, me haces sentir bien… (ahí yo pensé, ya me cargó el payaso) pero esto no puede continuar…
Imbécil: Mmm…
Ella: Hoy me fué terrible, y pensé “¿por qué Dios?” entonces me dí cuenta de que desde que te conozco me he alejado de Dios. Ya no agradezco por… bla bla bla (ahí yo pensaba, mmm… tal como lo pensaba, soy una mala influencia). Y no puedo seguir contigo porque eres una tentación y me alejaría de Dios si estoy contigo. Lo he pensado, pero eres muy mmm… diferente a lo que yo buscaba en un hombre. Yo busco una persona que sea un hombre de Dios… y tu no eres un hombre de Dios (eso último no lo dijo pero, seamos sinceros, se infiere ¿no?).
Imbécil: Si, tienes razón, no soy un hombre de Dios.

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Maldita sea, eso dolerá mañana.

Lo demás es irrelevante o pueden imaginarlo. Pero dijo algo muy cierto no soy un hombre de Dios: maldigo todos los días, blasfemo, digo (también hago y pienso) (muchas) estupideces, bueno a veces recibo un poco de apoyo como un compañero de trabajo, estábamos comiendo la otra vez y le pregunto: “¿cuántas mujeres quisieras tener?” y me contesta: “Doce” y yo le pregunto: “¿En la misma casa?” y me contesta: “sí, en la misma casa. Les daría de comer en el mismo plato a todas al mismo tiempo”, tenía tiempo sin escuchar un comentario misógino (de otra persona que no fuera yo). Y quisiera decir que ese tipo no tiene novia, pero tiene novia y es bonita.
Ese mismo día estaba comiendo con él cuando me dijo: “tengo una amiga que es bien puerca. Está por la web cam del messenger y se ve como va a su cajón, saca un dildo y se empieza a masturbar y todos sus contactos mirando por el messenger”; solo atine a preguntarle: “¿y está guapa?”, a lo que él contestó:”no, está fea”. Entonces yo le dije: “Ah, entonces no vale, ¡guácala!”.
O como otro día que estaba con una compañera del trabajo y se me ocurre decire: “Oye, hoy te ves mmm…” Ella tenía como una cara de que esperaba algo que la despertara así que le dije: “como ebria”. No estaba ebria, pero parecía. No le agradó mi cumplido porque lo tomó como raro y quizás se enojó, otra compañera que estaba cerca de mi me dijo que eso no era un cumplido, pero bueno.

Un amigo me dijo que le preguntara “¿por qué te gustan los imbéciles?”. Al menos no me dejó por alguien más imbécil que yo. Me dejó por el mismísimo Dios. Al menos esta vez no me enamoré de una Diosa… de nuevo. En fin… hoy todo lo que veo me recueda a la chava: su rostro, verla en el trabajo, saludarla por la mañana… todo eso me recuerda a ella.

Hay cosas que me intrigan de las mujeres, si las quieres en buen plan te mandan te mandan al demonio y hay imbéciles que las tratan como basura y ahí andan de tras de esos tipos; si dices la verdad te mandan al demonio por otro lado, los imbéciles que les mienten las tienen comiendo de su mano sin hacer mucho (solo mentir). Como un zoquete que una vez me dijo recién había terminado con su novia: “no manches me esa chava me gustaba mucho y la quería tanto. Fué la única de mis novias a las que no engañé”. No manches.

Pues bien, esta es la historia de triunfo que he vivido, un triunfó más de Dios… Se ha reído (otra vez) de mi, ya se había tardado. Ahora, gracias a Él, sabemos dos cosas: 1) Tengo algo bueno… que nadie quiere 2) soy demasiado imbécil para tener novia.

Dios no es tan malo(o quizás me deja vivir otro día para volverse a burlar de mí), a veces se porta buena gente y te permite irte arrastrándote todo ensangrentado con la cola entre las patas y salvar lo que te queda de dignidad. Así que como dijo Terminator cuando lo van a destruir:

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“Ahora sé porqué lo hacen, pero es algo que nunca podré hacer”.
Chun chun chu chun chun (tono de Terminaror… 2)

Bueno, a volver a la estúpida vida que tenía antes de todo esto. Quizás me enfoque en hacer algo por mi imagen pública en muchos lados, sobre todo en Monterrey donde tengo fama de ser un destruye hogares y yo ni he tocado a ninguna mujer y menos una regiomontana. Tal vez me dé una vuelta por allá para que esa mala fama crezca… No, mejor me quedo con mi mala fama acutal, como digo yo: “No necesito ayuda para difamarme”.

Maldita sea.

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Una hernia no es cosa de risa

Posted in Colaboradores, Personal, Tlacaélel on September 12th, 2008 at 0:22 by Tlacaélel

Cuando estaba todavia en la superior, durante tercero y cuarto semestres, desde nuestros salones podía verse un payaso inflable dentro de un edificio cercano a la escuela. El muñeco en cuestión, estaba siempre mirando hacia nosotros, como recordandonos que en cualquier momento nos podia “cargar el payaso”. Y ese recuerdo se acrecentaba cuando, misteriosamente, el payaso se desaparecia en epoca de examenes…como haciendonos saber que ya estaba en camino el desgraciado, preparado para una orgía de carga.

Como sea, últimamente no necesito ver al payaso para saber que está cerca, acechante. Espera en la oscuridad a que me descuide para que en el momento menos esperado, ¡tómala! Ni tiempo me va a dar para llorar. Dice mi amigo Alexander que el pobre payasito se va a herniar de tanto cargarnos. Se va a dar gusto hasta que le duela. Es más, ni entrenando diario levantando pesas, ni poniendose diez fajas, ni llamando a su banda risueña a que le ayuden a cargarnos, nada, ahora por más preparado que venga se va a lastimar.

Lo peor es que herido y todo, no parece cansarse. A lo mejor tiene buen seguro médico o de verdad necesita el trabajo. Tal vez tiene que mantener a una veintena de niños sabiendo que el día que falle va a llegar su compadre (otro payaso) y se lo va a cargar a él, a su vieja y a sus cachorros. Como sea, anda con ganas de cargarnos y detrás de él viene Pifas que tambien sacó boleto (se que no debo repartir tantos pero luego ni cuenta me doy). Lo más estúpido es que perdiendo el tiempo escribiendo mugres como esta pareciera que los invoco.

Sea como sea, son unos desconsiderados. Si tuvieran algo de compasión, no se volverían a formar una y otra y otra y otra y otra vez (y otra). Ya ni en la montaña rusa.

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