Son cálidos, los mexicanos

Posted in Personal, Reflexiones, Tlacaélel on October 10th, 2011 at 12:12 by Tlacaélel

El otro día salí con una chica que conocí por puro azar, en otro de esos sucesos inesperados de la vida. Todavía le falta hacer un examen para graduarse de la licenciatura…en trabajo social. Nada ligado a lo que yo hago, he hecho o haré el resto de mi vida. Por eso me sorprende tanto. Como sea, el caso es que iba yo hablando con ella sobre las diferencias culturales que encuentro entre su país y el mío, cuando de repente me pregunta de la nada “a todo esto, ¿qué opinan los mexicanos de los nosotros los franceses?”. Mierda. Lo primero que pensé, en automático, fué “¿cómo?”. Despues “ya valio pistola”. Quien sabe que habré preguntado o que habré dicho, que se le ocurrió abordar la cuestión. No sé, alguna cosa que se me salió sin pensar (como siempre) y que regresaba a acecharme en forma de pregunta (el karma en modo Jeopardy). Y es que seamos honestos aquí un momento: la mayoría de los mexicanos que conozco tienen un grado avanzado de xenofobia, entre otras cosas, que no quieren ver y mucho menos corregir.

Entonces, ¿qué decir? Recordé los mil rumores y leyendas urbanas que escuchaba en México sobre los franceses. Pocos (o ninguno) positivos. Luego me acordé de los comentarios escritos en los periódicos en linea, cuando estaba el asunto de Florence Cassez en boga. Misma cosa, insulto tras insulto xenófobo. Quien sabe que pinche cara habré puesto que la chava me preguntó “no es bueno, ¿verdad?”. Y esa es una de esas preguntas binarias donde no puedes aplicar la de “no te voy a mentir” y quedarte callado. No, no, decir eso es lo mismo que un fuerte y claro “no es bueno”. Y ni como decirlo con delicadeza. No hay forma adecuada de decir “pues mis compatriotas dicen que los franceses son sucios y no se bañan”. O, “pues mis compatriotas dicen que en Francia las mujeres son fáciles”. O “un amigo dice que el francés es el lenguaje de los homosexuales” (aunque ese comentario es complicado de hacer sin quedar como imbéciles tanto el que lo dice como quien lo escucha). O el más reciente, “un chavo mexicano que conocí aquí me dijo que los franceses son putos” (i.e. cobardes…salió durante una plática donde quien lo dijo intentaba dejar claro que los franceses no se exponen a defender en el transporte público a una mujer que no conocen, por ejemplo). Lo bueno es que traía puesta una de mis camisas rojas, pues imagino que empecé a sudar sangre.

Al final, no había como salvarla. Contesté una verdad no relacionada (”en general la mayoría de los mexicanos no hacen diferencia entre nacionales canadienses/franceses/ingleses/alemanes, lo mas común es creer caucasico == gringo…”), busqué la salida de emergencia lo más rápido posible (”ustedes tienen a Europa alrededor y no pueden hacer una generalización tan extrema como la nuestra, pero nosotros los extranjeros que más vemos son latinoamericanos o norteamericanos”), ella me abrió la puerta (”si, si, nosotros vemos mucha gente de Alemania, España, Inglaterra, etc…”) y yo corrí como si me llevara el diablo (”ah, mira la hora, yo creo que ya es tiempo de irnos”). Y así, puse a mi patria muy en alto, diciendo implicitamente que los mexicanos hablamos mal de todos los extranjeros.

En fin, al final del día me quede pensando que, bajo esa métrica, a lo mejor es hasta amable de parte de los nacionales de otros paises pensar que los mexicanos somos una bola de criminales ignorantes sin principios que se pasan la vida durmiendo. Para mí, el único prejuicio que duele realmente en esa frase es el de la flojera, pues no conozco a ninguna persona tan floja e irresponsable como ellos creen que somos nosotros. Creo yo que aún para aprovecharse del sistema, los mexicanos se esfuerzan más de lo que nos dan crédito. En lo personal, la mayoria de las personas que conozco trabajan horas extra, muchas veces no pagadas y aún en la adversidad. Por eso creo yo que ese prejuicio tan aparentemente inocuo nos duele. Por otra parte, desde mi infancia me he topado siempre con mexicanos violentos, corruptos y oportunistas en el día con día (que no dudo que sean hoy criminales). Es obvio que no todos somos así, pero muchos si. Muchos. Vale la pena pensar en eso.

Pero bueno, que la verdad sea dicha…aunque tengo la impresión que a los lectores extranjeros no les va a gustar mucho este post.

/* REFLEXION PERSONAL ESCRITA EN PARALELO (OMITIBLE)
*
* Esta parte la escribí en paralelo a lo de arriba, pero la juzgué demasiado extraña como
* para incluirla en el texto. Como luego hasta a mi me da flojera leer lo que yo mismo
* escribo, mejor indico de una vez que es una imbecilidad muy propia con la que
* pueden o no estar deacuerdo…por esa razón, es más bien para leerse cuando hay
* tiempo para perder y el internet está lento en noticias.
*
* La publico de todas formas, porque ya la escribí damn it!
*/

Por razones culturales estoy seguro de que yo he sido (y alguna parte de mi aún es) así: discriminador. Lo interesante es que con el paso de los años, uno empieza a convivir con muchos tipos distintos de gente. Personas de creencias, profesiones, lenguajes, nacionalidades y hasta puntos de vista políticos diversos. La experiencia, te va a forzando a aprender, a aceptar la presencia de humanidad en todos, aunque uno no este siempre deacuerdo. A mi me llegó a pasar mucho con la religión, por ejemplo, pues yo confío tanto en mi ateísmo que más de una vez llegué a insultar (sin ser demasiado consciente) las creencias de los católicos, de los que creen en los horoscopos y cosas astrológicas, e incluso de los agnósticos. Con el tiempo, uno se da cuenta de que eso es algo personal y no tienes porqué meterte (aún si ellos se intentan meter contigo). Al contrario, hoy considero que es bueno que las personas encuentren en su religión o creencia, sea cual sea, respuestas que a mi me gustaría tener. En mi caso, yo debo buscar en otro lado para encontrarlas pues no es lo mio la religión. Lo mismo pasa con las profesiones (por ejemplo, muchos colegas de Page me rebajan por ser ingeniero jaja), con la sexualidad, etc. Como sea, uno aprende lentamente a ver mas allá de ese tipo de cosas, aunque no es nada fácil saber que terreno estás pisando y quien se va a sentir ofendido. Es lo mismo en este caso, con eso del “nacionalismo” que muchos profesan y que no es otra cosa que discriminación cínica* (la prueba estando en los foros del internet donde se discuten los partidos de futbol entre nacionales de paises distintos). De nuevo, como con la religión, no creo que el nacionalismo sea malo sino que, más bien, cada uno lo entiende a su modo dependiendo las circunstancias particulares del entorno de cada uno (que a veces no son del todo óptimas).

Es por eso que se pone luego uno a pensar, ¿contra que estamos midiendo en nuestra cotideaneidad lo “bueno” y lo “malo”? ¿Qué es lo que valoramos más como mexicanos? ¿Cómo personas? ¿Qué queremos tener a toda costa? ¿Poder? ¿Dinero? ¿Familia? ¿Creatividad? ¿Educación? ¿Trabajo? ¿Sexo? ¿Venganza? ¿Miseria ajena? Creo yo que la respuesta a esa pregunta es la expresión de aquello en lo que nos hemos convertido y en el fondo, muy en el fondo, sabemos que si no nos gusta lo que hemos hallado, no es sino culpa nuestra.

*Nota:
Aquí hago uso de la palabra “cínismo” en el sentido castellano y no tanto anglosajón. El otro día leí en el comic de Bunsen que el autor usa la palabra “cínico” como se utiliza en inglés y no como en español (para nosotros es más cercano a “desvergonzado” y para ellos más a “negativo, desconfiado de los otros”). Como sea, no se que tan extendido/asimilado esté el término americano en nuestra cultura, por ende es importante que haga la aclaración para evitar malas interpretaciones del texto.

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La Influenza Mexicana

Posted in Colaboradores, Personal, Reflexiones, Tlacaélel on May 4th, 2009 at 3:15 by Tlacaélel

Hola de nuevo, despues de una larga ausencia aquí va un post mas de esos que se escriben en noche de insomnio. Como el título lo indica, quiero decir unas palabras sobre la contingencia sanitaria que lleva vigente ya más de una semana en el país pero primero, una imagen fuera de contexto…

El origen de la Influenza Porcina.

Mi cuento preferido de Edgar Allan Poe es The Masque of the Red Death (en español, “La Máscara de la Muerte Roja”). Desde la primera vez que lo leí, me gustó tanto que lo tuve que leer tres veces. Ese cuento para mi es como una canción de esas que no te puedes sacar de la cabeza, que la vuelves a escuchar una y otra vez sin cansarte. No se que encuentro en el texto que es tan fuerte. Tal vez es la forma como el mismo Poe juega con los colores, los sonidos del reloj o con los asistentes a la fiesta, pero existe en sus palabras esta atracción de los sentidos que me hace regresar una y otra vez a ese cuento sobre cualquiera de las otras obras del autor. A grandes rasgos trata de una enfermedad (la Muerte Roja) que esta diezmando un reino y el principe del mismo decide organizar un encierro con sus más cercanos allegados para escapar del dolor que impera fuera de su refugio. Para que los invitados olviden la desgracia, el principe se asegura que la reclusión sea una fiesta perpetua, un eterno baile de mascaras que permite apartar la mente de la terrible muerte que les espera si por alguna razón la enfermedad los atrapa.

Como ese, recuerdo muy bien algunos textos e historias sobre enfermedades en el mundo que me hacen pensar sobre el mal que vivimos actualmente. Todos bien saben que aprender sobre la edad media lleva invariablemente a la peste y sus repercusiones durante ese periodo histórico. Tambien existe mucha información sobre pandemias modernas. El hacer comparaciones sobre lo que eran las enfermedades en otros tiempos y lo que son hoy en día, me ha llevado a conclusiones verdaderamente interesantes. La más importante a mi parecer, es la siguiente: no podemos frenar la enfermedad, es decir, ninguna enfermedad. Eso me lleva a una segunda conclusión de menor importancia pero de igual repercusión: al intentar sin exito frenar una enfermedad, cometemos atrocidades.

Quien no ha escuchado las quejas de los enfermos de SIDA que expresan su malestar ante las medidas discriminatorias que toman algunas personas contra ellos en una aparente sobrecautela que ellos califican como “ignorancia”. Sin embargo, siempre queda la pregunta ¿qué tanto es tantito? ¿cuándo podemos estar seguros que las medidas que tomamos son suficientes? Lógicamente nunca estaremos seguros, lo único seguro es que siempre estamos en riesgo, sin embargo la aceptación de nuestro destino fatal siempre difiere de persona a persona. Tanto los más como los menos precavidos pecan de ignorantes y los demas de crédulos, pero todos toman una postura y todos hacen lo que creen que es mejor para asegurar su supervivencia (o al menos asegurar la muerte más conveniente).

En estos dias está de moda hablar de México en las agencias de noticias extranjeras. Antes, porque no había gobernabilidad y por eso amanecen chorrocientos muertos cada día. Despues, porque somos foco de infección para otros paises. Si antes los extranjeros ya nos veían como amenaza (por que la amenaza no son los narcos, son los mexicanos) ahora somos el triple de esa amenaza. Sucede que encima de violentos, somos infecciosos. Si, esto es como 28 Days Later pero a la inversa (primero la violencia y luego la infección). De por si de pendejos* no nos bajan, el caso es que para el resto del mundo ésta no es la “influenza humana” (ya ni porcina), es la “influenza mexicana” y es seguro que todos los mexicanos la tienen. La cosa está en que ¿cómo se puede culpar a China por encerrar a los mexicanos en hoteles de paso? ¿con que derecho podemos culpar a los otros paises latinoamericanos que estan tomando medidas extremas contra los mexicanos? No soy católico (soy ateo, porque ningun dios existe más que como una figura mitológica y/o literaria) pero ahora si que el que esté libre de pecado… A fin de cuentas somos humanos y todos nos comportamos de forma deplorable cuando tenemos miedo (ya sea que atentemos contra nuestra propia vida o contra vidas ajenas).

Si, no podemos justificar los actos que ocasiona el miedo pero tampoco podemos evitarlos. Ahí están las quejas internacionales y ahí estan los paises haciendo oidos sordos, es obvio. Si yo fuera dictador de Arturotlan probablemente tambien me valdría un cacahuate y los sacaría lo más pronto posible de mi territorio para intentar evitar que se empezara a propagar la enfermedad en mi país.

Es por eso que yo opino que deberíamos aprovechar esta contingencia y despertar verdaderamente el nacionalismo de otros tiempos. Ahora que nadie nos quiere (como a mi en la escuela y mi familia), hoy que estamos obligados a estar virtualmente encerrados en nuestro propio país, sería bueno empezar a recordar lo bueno de ser mexicanos. Y no hablo las estupideces de algunos de querer asociarse directamente con el pueblo Mexica y pretender adoptar un conjunto de valores del siglo XV sin saber en realidad nada de nuestra historia (me molesta mucho escuchar a la gente decir “los españoles nos vinieron a conquistar”, parece que no se han dado cuenta que los españoles conquistaron a los mexicas y a muchos otros pueblos y ese proceso nos engendró a la mayoría de nosotros), sino de verdaderamente aprender a respetar nuestras raices, nuestra historia en todo su conjunto y pensar por una vez en sacrificarnos por la idea de la patria**.

La muestra está a la vista de todos: los chinos lo hicieron y ahora nos están dominando y se dan el lujo de encerrar mexicanos. Deberíamos decir adios a los complots, a pensar que los otros mexicanos son nuestros enemigos y que la única forma de triunfar es que aquellos que están “mal” hagan lo que “yo” quiero, porque yo soy el bien y la justicia del mundo.

Pienso que si hacemos las cosas no porque “voy a ganar más” ni “para fregarme a ese tipo” y sobre todo no para “largarme rápido de este lugar” podemos llegar alto. Tal vez si hacieramos las cosas “porque amo a mi patria”, tendríamos un programa espacial, estaríamos orgullosos de quienes somos y existiría una verdadera unidad nacional. Es más, la influenza mexicana sería una bendición y no una excusa para seguirnos discriminando. Tal vez hasta sería la razón principal por la que el pueblo mexicano se hizó más fuerte…aunque así como se ven las cosas es más probable que mi país y su patética distopía desaparezcan (y muy pronto).

And Darkness and Decay and the Red Death haled illimitable dominion over all…

*Anécdota: Cuando jugaba con la banda de la prepa Age of Empires II por la red (con la magia del dial-up) conocimos a unas jugadoras chilenas y era regular hablar con ellas por mensajería instantanea. En alguna ocasión estabamos un amigo y yo hablando con una de ellas y salieron temas de cultura pop. Mi amigo le preguntó a la chica “conocen allá en Chile a Barney (la botarga de dinosaurio morado)”. Y ella contestó “si, acá le gusta mucho a los pendejos”. Yo pensé “a chinga, acá tambien pero se me hace raro…no nos llevamos de a groserias con esta chava” entonces le pregunté “a ver, a ver, ¿allá en Chile a quienes consideran pendejos?”, a lo que ella me contestó “a los niños de cinco años para abajo”. Yo volví a pensar “a chinga, acá tambien…”, por lo cual tuve que asegurarme con otra pregunta: “¿entonces para ustedes pendejo no es grosería?”, y ya me dijo más claramente “no”. Todavía inquirí un poco más suponiendo que me estaba tomando el pelo, pero parece que no. Aparentemente, el equivalente a lo que los mexicanos entendemos por “pendejo”, en Chile (en Valparaíso, más precisamente) lo entienden por “weón” (o al menos lo era hace como cinco o seis años). Esto lo comento para que quede claro que en el mundo no nos bajan de idiotas, no de niños de cinco años para abajo.

**Nota: En estas fechas cercanas al bicentenario deberían reimprimirse y repartirse libros como “México: su Evolución Social: síntesis de la historia política, de la organización administrativa y militar y del estado económico de la federación mexicana… ” los niños y jovenes deberían ser obligados a leer la “Antología del Centenario” y debería ponerse énfasis en el nacionalismo desde un punto de vista constructivo. Reconocer los errores para enmendarlos, no ocultarlos y considerarnos todopoderosos (como se hacía en tiempos del PRI).

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