Del Zeus de Olimpia al Racionalismo irracional

Posted in Colaboradores, Reflexiones, Tlacaélel on September 6th, 2008 at 4:15 by Tlacaélel

Pensaba guardar este post para tercero o cuarto, pero dado que el tema está candente en mi círculo cercano, creo que es pertinente tratarlo de inmediato.

La semana pasada fuí a comer con la banda ESCOM después de la escuela y salió el tema de que nosotros como Ingenieros en Sistemas del IPN estamos bien ubicados en las empresas privadas. Esto surgió porque yo mencioné el tener la sensación de que mi preparación es deficiente en muchos aspectos (en un análisis más profundo, eso siempre será cierto al no poder hablar de una educación verdaderamente “completa”). Terminamos hablando sobre algo bastante peculiar, ¿cómo te ganas el respeto? Mi amigo Víctor toco un punto importante para resolver esa pregunta: nunca tendrás el respeto de todos. Esto nos lleva a otra cuestion un poco más difícil de zanjar, ¿puede uno ganar respeto? o ¿qué significa tener respeto? A mi parecer, en nuestra sociedad el respeto corresponde a circunstancias banales que enmascaran la única necesidad humana real: la de perseguir la fuerza, detentar un poder. Como ahí mismo mencionamos, uno debería tener respeto sin necesidad de ganarlo (a fin de cuentas todos somos humanos con derecho a la dignidad y todo eso), pero en la práctica el respeto se reserva para quienes saben como granjearse la admiración ajena y oponer resistencia contra sus detractores, para quienes saben reconocer a sus enemigos y tener cierto control en su relacion con ellos. Al final, todo se reduce a factores completamente instintivos.

Resumiendo, respeto denota poder. Verbigracia, tomemos la frase celebre de Benito Juarez (dejando al margen el hecho de que esta frase puede ser atribuible en cierta medida a Kant):

Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.

¿Qué significa respetar a un Estado? Reconocerlo. Aceptar su autoridad y dotarlo de la personalidad que le da la fuerza para sostenerse como igual ante los demás. Como la historia moderna nos enseña, el respeto a X o Y Estados se da por fines políticos. A los países pequeños que no tienen nada con que negociar, a los grupos separatistas y a muchos pensadores alrededor del mundo se les sanciona de diversas formas por ir contra la corriente principal de pensamiento, es decir, por oponerse a los fuertes. Solo se le da el respeto a quien tiene potencial de fuerza. Los demás, con suerte y si son muy miserables, reciben solo compasión y algo de caridad. Lo mismo es a nivel individual. ¿Por qué el respeto conlleva paz? Porque atacar a un Estado fuerte (o a una persona fuerte) nunca es tan lucrativo. Uno no ataca a quien respeta, porque significa que está al menos al mismo nivel que nosotros y que existe una posibilidad muy real de perder fuerza. En cambio, cuando vemos la posibilidad de atacar al pequeño y débil que nadie quiere o en cualquier situación en la cual consideramos que tenemos ventaja es muy fácil (el fenómeno del bullying), ya que podemos demostrar fuerza, inteligencia y en determinados casos incluso magnanimidad o paternalismo.

Como esto, podemos analizar muchas situaciones similares donde el respeto solo conlleva un juego de poder que tiende a equilibrarse en favor de alguna de las partes o, en su defecto, a neutralizarse y establecer un nivel en una jerarquía, ceteris paribus.

¿Por qué lo menciono? Porque desde que estoy en el posgrado, se ha hecho de cierta forma más evidente el hecho de que entre nosotros no nos consideramos iguales. Antes que nada, quiero dejar en claro que yo habitualmente respeto la jerarquía. Tal vez si luego me pase de cabrón (silbidos) con algunas personas, pero dentro de todo sigo teniendo admiración y respeto por quienes han llegado más lejos que yo y que considero que se han ganado su lugar…sin embargo, no me gusta caer en el exceso de deificar personas o de descalificarlas. Como me dijo alguna vez mi profesor de música mientras hablabamos sobre Andrés Segovia y lo que opinan sus críticos a poco mas de 20 años de su muerte “…es exagerado decir que es el mejor guitarrista que ha existido y existirá, pero tampoco se puede decir que era un viejo terco que no sabía tocar la guitarra…”, en torno a la crítica que se le ha hecho en estos años por su caracter y su relación con los compositores. El mensaje es claro: Segovia fué magnifico, pero tambien era una persona (y si, en realidad le admiro mucho en muchas cosas). Pero bueno, regresando al contexto del posgrado,  noto que aquí las personas parecen olvidar que los ingenieros, licenciados, maestros y doctores son personas y eso puede llegar a ser peligroso. Damos o quitamos respeto (y por ende fuerza e importancia) a las personas sin fijarnos quienes son.

Al quitarle la calidad humana a una mujer u hombre, uno empieza a caer en cosas como el ya tan conocido “culto a la personalidad” o al contrario, en calificar el valor de una persona por su aparente “inteligencia” o falta de ella. ¿Puede valer más una persona por tener un título o grado cualquiera? ¿Hasta donde es válido fusionar nuestra individualidad con una profesión? Si elegimos nuestra profesión por nuestra personalidad, ¿es tan necesario deformar esta última hasta el punto de inhumanizarla solo para que empaten aún más las dos? En este contexto, descalificar una investigación correspondería a descalificar personas (tan grande es la compenetración entre profesión y personalidad). Ademas, ya que esto no es una persona sino un X que a mi juicio hace las cosas mal, entonces no tengo porque sentir empatía por él y por lo tanto puedo descalificarlo y hasta generalizarlo como parte de una raza de “descompuestos”. ¿Qué tanto se acerca eso a discriminación? En términos de muchos científicos nada, porque no son personas, son ingenieros, licenciados, maestros o doctores. Y no puedo decir que estoy fuera de ese circulo, alguna vez llegué a considerar que ser ingeniero era superior a ser, no se, administrador de empresas, pero al estudiar sobre música y vida de músicos, al leer sobre historia y aprender sobre las formas tan distintas de diferentes culturas a la hora de analizar su mundo, al mirar a la gente esforzarse día a día para sacar adelante sus sueños en un sistema opresivo que tiende a catalogarlos y despojarlos de su humanidad, se da uno cuenta que ese enfoque nos priva de muchas cosas. Encerrarse en un mundo donde puedas decir “yo soy esto, y los demás son imbéciles”, nos divide y puede llegar a cambiar lo que  para la sociedad es un ser humano. No me gustaría que me colgaran porque no estoy en la misma corriente de pensamiento que la mayoría (aunque técnicamente todos lo estamos aunque nuestras opiniones varíen).

Y con toda esta reflexión, no pretendo ser como “bueno” o “malo”, simplemente que no quiero vivir en un mundo donde la moral humana está decidida por seres que no desean considerarse humanos. Si algo vale la pena aprender, es que todos pueden mostrarnos algo nuevo y que siempre tiene mucho de maravilloso escuchar opiniones o formas de pensamiento novedosas, estemos o no de acuerdo con ellas.

Para terminar este monólogo, e intentando condensar mi postura en una sola pregunta:

¿Merece una persona respeto solo por ser ingeniero, licenciado, maestro o doctor así como una estatua lo merece por ser de un Dios?

o su contraria:

¿Merece una persona desprecio solo por no ser ingeniero, licenciado, maestro o doctor así como una estatua lo merece por no ser de un Dios?

Este tema da para mucho más pero ya se hablará de ello en otra ocasión. Por lo pronto, se los dejo a su consideración. Sigan adorando estatuas…o no.

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