De que lado masca la iguana

Posted in Colaboradores, Reflexiones, Tlacaélel on May 25th, 2011 at 1:22 by Tlacaélel

El otro día fuí con Page a un lugar al que no llegamos y terminamos en un cine semi-hipster ahí por Reforma, donde vimos una película de esas dramáticas que se llama “Hijo de Babilonia” (Son of Babylon). Con esto de la ola de calor y el cáncer de piel, pues la verdad yo tenía mucha sed y la película estaba por comenzar. La situación me forzó a comprar una cochina agua que me costó como si la hubiera bendecido el Papa, sin embargo uno termina pagando por comodidad. Es extraordinario lo caro que sale todo en un cine de piojosos (sin ofender a nadie); normalmente cobran como si sus clientes se bañaran. El caso es que ahí estábamos saliendo de una película toda extraña y un tipejo se me acerca de una televisora y me empieza a hacer preguntas raras sobre el clima de violencia. Me preguntó cosas como “¿casi no sales, verdad? ¿por la inseguridad, verdad?”. Pues yo, le dije lo que quería escuchar…”si”. Ni modo de decirle “no, casi no salgo porque soy un nerd clásico, criado en los tiempos cuando ser nerd aún no era cool, por lo cual conservo las tradiciones de mi gente”. Luego me pregunta, “¿y para que vas al cine? ¿para divertirte?”. Ni modo de decir “no señor, vengo para que ver que se siente que me cobren precios exorbitantes por sentarme dos horas en la oscuridad a luchar contra el sueño”. Pues no, le dije “si, si vengo a divertirme”. Sin embargo, el asunto entero me dejó pensando, y la verdad ya no se ni porqué voy al cine. La mayoría de las veces, voy solo a decepcionarme con películas que parecían buenas o a quejarme de las películas demasiado dramáticas (no es lo mío). Hasta hoy, siempre lo mejor me parece ir a ver películas tontas (como esas donde Bruce Willis mata mucha gente de forma extravagante) o, en su defecto, animadas (Kung-fu Panda). Son las que más me satisfacen, por alguna razón.

Algo que heredé de cuando era un chamaco, es la repetición. Según recuerdo, cuando me latía mucho una película no paraba de verla una y otra vez hasta el hartazgo. Me aprendía canciones y diálogos completos. Lo chistoso es que no fui consciente de ello sino hasta que vi a mi prima hacerlo (esa niña es 14 años menor que yo): ella a los 7 años se aprendió los diálogos completos de Shrek 2, dada la cantidad infame de repeticiones que hacía de la película. Su hermana (8 años menor que yo) se aprendió Buscando a Nemo. De hecho, es estúpidamente tonto que yo también me sepa partes de esas películas por proximidad; he sido receptor pasivo del fenómeno al estar presente en un alto porcentaje de dichas representaciones (luego me sorprendo caminando por la calle repitiendo en mi cabeza cosas como “nadaremos, nadaremos, en el mar, el mar, el mar, que hay que hacer nadar nadar…”). Como sea, hace mucho que no hago eso…al menos no con películas.

Hace no tanto no me acuerdo quien me dijo “que chiste tiene ver una cosa una y otra vez…yo veo todo una vez y paso a lo que sigue”. Y es que me parece tan raro darme cuenta que yo soy lo contrario. Existe en mi cierto placer en repetir una y otra vez mi capítulo preferido de mi serie preferida, mi película preferida, mi disco preferido. Es raro, ni siquiera descubres cosas nuevas, solo descubres lo que ya sabías. A pesar de ello, uno no quiere escuchar/ver otra cosa y, pues, no lo haces. Me se diálogos de Los Simpson, Futurama y The IT Crowd, por decir. Hace dos semanas, estuve escuchando tanto Life on Mars de David Bowie que terminé por asociarla a un evento desagradable y, ahora, no quiero volver a escucharla porque me hace sentir mal. Eso no implica que no la recuerde de memoria. Lo mismo pasó con algunas canciones de Blood Sugar Sex Magik de los Red Hot Chilli Peppers.

Ahora ocurre nuevamente, ¡y con un musical! (normalmente no me gustan los musicales…se me hace como gay): Dr. Horrible’s Sing-Along Blog (que está muy chistoso y está completo en el YouTube). De hecho, no puedo sacarme de la cabeza “A man’s gotta do what a man’s gotta do” (insertado debajo). Digan lo que digan los puristas, esa rola rifa un buen.

Chale, cada día soy más pinche raro.

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