¿Futuro?
Posted in Colaboradores, Personal, Reflexiones, Tlacaélel on January 22nd, 2009 at 4:49 by TlacaélelHoy fui a clase de música y, hablando con el profesor, me enteré que uno de mis compañeros va a hacer el examen de admisión a la Escuela Nacional de Música. “Tambien tú deberías hacerlo” me dijo el profe. La verdad no se si tomarlo como “ya lárgate” o “tienes lo que se necesita, ¿qué esperas?”. La cosa es que si lo he pensado, pero aparentemente sigo sin saber que diablos hacer de mi pinche vida.
Siempre me gustó la música (supongo que eso es normal en los humanos) y alguna vez intenté aprender piano pero ¡sorpresa! no solo es caro sino que, en cierto modo, es exclusivo. Nunca tuve acceso a un piano real (de hecho de ahí se derivó la idea del trabajo terminal, un piano virtual) y nunca me enteré donde tomar las clases. Para terminar, mi papá es muy pragmático. Él considera que está bien que aprenda uno música con fines lúdicos, pero no lo ve como una carrera real ni algo para hacer día y noche. Eso si, él me dice que es mi problema lo que haga con mi vida…así que la barrera que me impone, más que física, es moral. Por esta razón, siempre fue dificil que en mi casa tomaran en serio (por así decirlo) la música.
Llegué a las clases formales de música por que estaba harto de todo. Hay veces que uno no soporta verse al espejo, ni pensar, ni recordar…ni existir. Para variar la había regado con una chava de una forma extremadamente humillante (de hecho, todavía me es tan incomodo recordar ese maldito asunto que me cuesta trabajo referirme a él sin maldecirme…maldito sea yo y mi estupidez) y eso hacia un poco peor mi sensación de que llevaba un camino equivocado. Estaba yo en ese trance cuando surgió la oportunidad. Cierto día iba camino al banco y pasé frente a la casa de la cultura. Me detuve porque un cartel me llamó la atención y vi los anuncios de los cursos. En otro momento no hubiera entrado, pero en ese momento me sentía vacío, como si no tuviera nada dentro. A partir de ahí, el razonamiento que me llevó a entrar fue bastante sencillo: “siempre he querido aprender música y hoy no me queda nada…quiero tener al menos eso”. En ese instante carecía de orgullo, confianza o vocación. No había nada que perder. Entré a pedir informes a la administración, ese mismo día conocí al profesor y dos dias despues ya me estaba poniendo al corriente (empecé dos semanas tarde). Eso fue en las vacaciones entre sexto y séptimo semestre de la licenciatura, como a mediados del 2007.
El amor a la guitarra, es brutal. Empezó como un esfuerzo para recuperar mi dignidad, y terminó siendo un eje fundamental de mi existencia. En definitiva no sirvió para recuperarme (supongo que tengo que dar por muerto mi amor propio), pero me cautivó. Nació en mi, y me dejé atrapar. Un día no sabía que existía y al siguiente lo era todo. Ya no podía vivir sin tocar (ojo, tocar, no tocarme). Ni se como pasó a ser prioritario pero hoy se que no existo sin la música. Puedo soportar la idea de quedarme ciego, pero no la idea de no poder tocar (ojo, tocar, no tocarme). Lo que si se es que si hubiera conocido la música cuando era chico estoy seguro de que no hubiera dudado, el camino habría estado siempre frente a mi y bastante bien iluminado. ¿Así se siente la pasión?
Todo es bastante claro y fácil. La solución a mi existencia es dejarlo todo y dedicarme a aprender música a nivel profesional…pero no puedo. ¿Y todo lo que ya construí? ¿y todos los sueños que tengo? ¿cómo puedo dejar todo? Ya no se que hacer. Estudie ingeniería porque creí en ello, y estaba dispuesto a hacerlo de por vida sin dudar mientras pudiera seguir aprendiendo y haciendo cosas interesantes. Es decir, no puedo decir que no me gusta…pero tampoco puedo decir que eso es lo que más amo en la vida. En Historia es algo similar, pero sin lugar a dudas es más fuerte que mi gusto por la computación. A pesar de esto, mi amor por la Historia existe por una razón similar a la que me llevó a decidirme por mi carrera. Me maravilla la complejidad de la existencia humana y la paradoja que se encuentra al confrontarla con la inconmensurable realidad del universo. Busco aquella sensación de contraste cuando observo que conozco algo que es infinitamente pequeño y que a la vez es un logro inmenso. Es la misma razón por la que me gusta ver el cielo y pensar en estrellas. Eso existe en computación y tecnología más que en otras áreas. Es asquerosamente divina la forma tan despectiva en la que la gente ve a las máquinas sin tomar en cuenta todo lo que conllevan a nivel social, económico y político, el impacto en sus vidas y todo el conocimiento que tuvo que ocurrir, generación a generación, para lograr construir todos y cada uno de los avances tecnológicos que tenemos. Desde la industria de los guijarros hasta la computación cuántica, poder analizar todo eso, todas esas partes pequeñitas que forman, etapa a etapa, un grado de perfección tan imperfecto y a la vez tan formidable, es algo que puedo hacer hasta que la muerte me llegue (sea o no por propia mano). ¿Eso es pasión?
¿A qué debo renunciar? ¿Qué va a ocurrir conmigo? Quisiera no dejar de estudiar ciencia de la computación, pero también quisiera ser historiador y ya no es posible el no convertirme en músico…pero no encuentro una forma de hacer todo, todas demandan la suficiente atención como para recordarme que si me descuido las tres se van al demonio.Y al final, ¿que tal si ninguna era? Como dicen, ¿qué pasa si todo este tiempo le estuve ladrando al árbol equivocado? Lo único que quiero es que cuando esté en mi lecho de muerte, ya sea que muera viejo y solo o joven (mañana) y solo, pueda decir que estoy satisfecho, que no me arrepiento de nada, que logré darle a mi vida el curso que quería, vamos, que no fue una vida desperdiciada…pero las cosas no parecen ir por esa vía. Claro, todavía está el plan B. Siempre hay un plan B. El plan B es volverme loco, más loco, y matarlos a todos, jajajaJaJaJaJAJA (risa malvada tipo Lovesan), entendiendose por “todos” los que estén a mi alrededor el día que esté portando las armas que compre en tepito o donde las vaya a comprar. Tambien está el plan B del plan B (algo así como la reserva de la reserva) que es trabajar por una causa idealista que yo considere justa hasta que me muera en alguna guerra del futuro o, ya de plano, la solución implicita para todo problema: suicidio por honor.
Maldita sea, otra vez expresé mucha estupidez. En fin, dejo una pieza para guitarra: Vals Venezolano No. 3 (Natalia) de Antonio Lauro, interpretado por John Williams. Iba a poner un video, pero no encontré uno que me gustara en la red. En el YouTube hay un pedazo de la pieza interpretada por Alirio Díaz, pero en este caso me gusta la claridad con la que la que se oye interpertada por John Williams. Seré guitarrista cuando pueda interpretar la obra de manera correcta, sin fallas y a la velocidad indicada (espero lograrlo algún día). Es todo por ahora.